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domingo, 8 de julio de 2018



Alejandro Mario Fonseca

En México estamos viviendo una fiesta democrática inédita. Aun cuando las campañas estuvieron marcadas por la violencia y la guerra sucia, el desenlace fue más que positivo. La jornada electoral del pasado domingo 1 de julio fue ejemplar.

Primero las precampañas fueron toda una farsa. Bueno, casi toda una farsa. Hubo honrosas excepciones en las que la selección de candidatos fue realmente democrática. Pero ese no fue el caso del estado de Puebla.
Aquí en Puebla desde donde escribo, sigue dominando el morenovallismo. Todo indica que el PRI y el PAN se pusieron de acuerdo e intentaron repartirse de nueva cuenta casi todos los puestos importantes por la vía “electoral”.
El gran oligarca poblano, que ostenta en los hechos una representación política de “unidad PRI-PAN”, había pactado ante el oligarca mayor del PAN Ricardo Anaya, para dejarle el camino libre a la presidencia, a cambio de que su esposa fuera la candidata a gobernadora.
Y si eso no se llama oligarquía, entonces dígame usted amable lector ¿cómo le llamamos? Lo curioso es que nadie se sorprendió por el hecho, vaya mucho menos se alarmaron.
El PRI y el PAN se desmoronaron
Pero sucedió que en seis meses la base política que cimentaba el poder de Moreno Valle se desmoronó a nivel nacional. Anaya y Meade resultaron muy malos candidatos, sin propuestas propias y carentes completamente de carisma, sencillamente no dieron el ancho.
Dos partidos otrora grandes organizaciones que históricamente dominaron la escena política poblana se habían convertido en instrumentos de poder para apuntalar un proyecto personal encarnado en la figura de Rafael Moreno Valle.
Al fusionarse el PRI poblano con el neopanismo morenovallista se perdió la brújula. Ni el PRI ni el PAN supieron transitar con inteligencia, sobrevivir ante el pragmatismo y la habilidad de un hombre que los despojó de sus principios más fundamentales.
¿Dónde quedó la Doctrina Social Cristiana de los panistas? ¿Dónde el progreso con justicia social de los priistas? En teoría los partidos políticos son grupos de interesados. Son grupos que refieren a personas que defienden una misma causa, principios y proyectos.
En Puebla el PRI y el PAN dejaron de reunirse y trabajar con el objetivo de acceder al poder y concretar sus propuestas para la organización social. Ahora trabajan para que su líder máximo Rafael Moreno Valle se mantenga en el poder a toda costa.
La ley de hierro de la oligarquía llevada a su máxima expresión
Robert Michels el sociólogo amigo de Max Weber estudió el comportamiento de los partidos políticos  en los años treinta del siglo pasado.
En su obra Los partidos políticos, formula la "ley de hierro de la oligarquía", con la que afirmaba que "tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría"; la idea básica es que toda organización se vuelve oligárquica.
Los líderes, aunque en principio se guíen por la voluntad del pueblo y se digan revolucionarios, pronto se emancipan de este y se vuelven conservadores. Siempre el líder buscará incrementar o mantener su poder a cualquier precio, incluso olvidando sus viejos ideales.
Por eso, las organizaciones políticas dejan de ser un medio para alcanzar determinados objetivos socioeconómicos y se transforman en un fin en sí mismas. Pero si además, como en el caso mexicano, los partidos son financiados por el Estado, se convierten en verdaderas minas de oro, muy codiciadas por todo tipo de oportunistas.
Mientras más grandes se hacen los partidos, más se burocratizan. Muy pronto requieren de “especialistas” que sepan tomar decisiones complejas rápidamente: se vuelven imprescindibles y se forman élites. Dicho de otra manera, para que un partido sea eficiente va requiriendo de liderazgos fuertes, lo que demerita la democracia interna.
Pero en la Puebla de nuestros tiempos la teoría de Michels fue llevada a su máxima expresión. Un solo hombre ha sabido concentrar en su persona todo el poder político: se ha convertido en el Jefe Máximo de los poblanos.
México ya cambió
Durante más de siete décadas México había sido gobernado por un solo partido, el PRI. Se trató de monarquías sexenales en las que el presidente en turno hacía prácticamente lo que se le daba la gana. Los estudiosos le llamaron “ogro filantrópico”, “dictadura perfecta”, etc.
Por falta de espacio no voy a entrar aquí al tema de la “transición democrática”. El hecho es que por diversas razones la plutocracia del PRI gobierno se vio obligada a compartir el poder a finales del siglo XX. Y así fue cómo surgió una clase política ampliada.
Pero en Puebla eso no sucedió. Aquí la “transición” se dio hasta el año 2012. Y el poder no se compartió, se centralizó todavía más en la figura de Rafael Moreno Valle. Priista de origen se mimetizo en panista y desde allí maquinó una gran alianza que lo llevó al poder.
Y ahora su esposa será la heredera, pero además todo es “legal”, y si Martha Erika Alonso de Moreno Valle llega a ser gobernadora de Puebla, como todo lo indica, quedará asentado un hecho sin precedentes: una especié de “Maximato” gubernamental poblano. Pero no todo es color de rosa.
¿Puebla cuándo?
Moreno Valle nunca se imaginó la irrupción aplastante de MORENA en la escena política nacional. El pasado 1 de julio los jóvenes y las mujeres  salieron a votar y en una jornada electoral histórica el esquema político cambió radicalmente.
Muchos ya cansados de tanto abuso violencia y corrupción votamos por hartazgo a favor de los candidatos de MORENA, Pero muchos otros, sobre todo los jóvenes votaron por la esperanza. Y ganamos todos, y en eso estamos, felices de la vida, celebrando y enfrentando la vida con nuevos ánimos.
Sin embargo en Puebla estamos viviendo las últimas batallas contra el autoritarismo político ya moribundo a nivel nacional, Moreno Valle parece estar decidido a conservar su feudo poblano.
Ya veremos en qué acaba todo esto, pero por lo pronto los líderes de MORENA en Puebla están dando la batalla frontal contra la corrupción electoral. Y lo más interesante es que la ciudadanía está despertando y apoyando la defensa del voto como nunca antes se había visto.
 El tortuguismo del Instituto Estatal Electoral de Puebla la pasada madrugada del lunes presagiaba lo que está pasando: más escándalos, más violencia, confusión y demás. ¿Hasta cuándo?



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