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jueves, 18 de abril de 2019



Científicos neurofisiólogos han demostrado que las zonas del cerebro que se activan en el niño por el dolor físico son las mismas que se activan por la separación. Esa separación de su mamá, al bebé le duele de verdad. Como un dolor físico.
A los ocho meses de edad, muchos niños, aunque no todos, pueden desarrollar lo que se conoce como “Angustia de Separación”.

Lo que sucede es que tu bebé se da cuenta por primera vez que es “uno”. Es decir, que es una persona independiente de su mamá. Antes, su consciencia lo hacía “uno” junto con su madre, una dualidad madre-hijo que el bebé no distinguía como dos personas. Pero al cumplir los ocho meses, toma consciencia de su individualidad, y con ello de su vulnerabilidad. Se sabe absolutamente indefenso sin su madre. La sensación de soledad y abandono que percibe cuando tú te alejas es insoportable.
Por eso es una verdadera ANGUSTIA DE SEPARACIÓN.

Si te vas a la cocina, tu bebé tira el juguete con que estaba y sale gateando a toda velocidad detrás de ti, no te imaginabas que podía gatear tan rápido. No le quiere dar los brazos a nadie más que a ti. Por eso hasta cuando está dormido se despierta si lo dejas solo, como si estuviera cuidando que no te alejes. De hecho eso está haciendo.

No está embracilado (los niños no se embracilan), no tiene mamitis, la mamitis no existe. No se está yendo para atrás como los cangrejos, al contrario, esa “Angustia de Separación” es una etapa nueva y significa que tu bebé está avanzando, avanzando hacia adelante, aunque suene redundante.

Significa que ha logrado comprender que él es una persona y tú eres otra, pero lo que todavía no sabe es cuándo vas a regresar, ni a dónde vas, y ni siquiera si regresarás. Por eso su instinto le dice que no debe separarse de ti. A ti te pasa lo mismo, pero tienes demasiada presión alrededor y lo peor es que todos opinan.

Simplemente diles: -Perdón, pero mi bebé  todavía no está listo para irse con otras personas-.

La angustia de separación es una etapa. Pasa, se resuelve sola, apóyalo con tus brazos como en las demás etapas de su niñez, o de su vida.

Artículo del Dr Alberto Estrada Retes

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