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jueves, 19 de diciembre de 2019


Alejandro Mario Fonseca

Hemingway es uno de mis héroes literarios. Conocí su obra hace unos 30 años, nada menos que por recomendación de “Sancho” que era el seudónimo del Maestro Adolfo Sánchez Vázquez.
Sí, aquel legendario filósofo, escritor y profesor de la UNAM. “Sancho” era el apodo con el que sus alumnos cariñosamente nos referíamos a él. Era un marxista recalcitrante, siempre se mantenía  firme en su comportamiento, actitud, ideas o intenciones, marxistas, a pesar de (a veces) estar equivocado.
Pero “Sancho”, hasta donde yo sé, nunca se equivocó. Su marxismo no le nublaba el entendimiento. Estaba muy consciente de los peligros del poder, aun cuando dicho poder estuviese enfocado a defender el progreso y las causas populares.
Fue a mediados de los años 80 cuando “Sancho” vino a un coloquio sobre marxismo a la Universidad Autónoma de Puebla. En aquel tiempo yo estudiaba la maestría en Ciencia Sociales. Y como le gustaba interactuar con sus alumnos, me tocó una cena con él.
Como buen filósofo casi no hablaba, le gustaba escuchar. Así que me atreví a comentar algo sobre la Guerra Civil Española. Nacido en España en 1915, emigró a México en 1939 junto a otros intelectuales, científicos y artistas, tras la caída de la Segunda República Española, durante la Guerra Civil.
Pacientemente me escuchó aparentemente sin darme mucha importancia. Pero le caí bien y ya al final de la cena me llamó y me dio un consejo: Sí quieres entender la Guerra Civil española, lee Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway.

Ernest Hemingway
Ya he comentado en esta columna algunos textos de Hemingway. Fue un escritor y periodista estadounidense, uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX.
Su estilo sobrio de cierta austeridad, tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventuras y su imagen pública dejaron huellas en las generaciones posteriores.
Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de la década de 1920 y mediados de la década de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa.
Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de estos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos.
¿Por qué es tan importante Hemingway? Bueno,  en París, donde trabajó como corresponsal extranjero asimiló la influencia de los escritores y artistas modernistas de la comunidad de expatriados, la famosa generación perdida de la década de 1920.
Si no es que todos, la mayoría de los cursos de redacción en las universidades del mundo, incluyen las lecturas de las novelas Hemingway. Su prosa es clara y contundente, va al grano sin más.
Comenzó su carrera como reportero. La redacción de artículos, sobre todo para los diarios, se centraba en los hechos, omitiendo materia superflua y ajena. Así, sus textos nos permiten comprender, con diáfana claridad los contextos.


Por quién doblan las campanas
La trama se desarrolla en España durante la Guerra Civil española, y se articula en torno a la historia de Robert Jordan, un profesor que lucha como especialista en explosivos en el lado republicano. El general Golz le encarga la destrucción de un puente, vital para evitar la contraofensiva del bando sublevado durante la Ofensiva de Segovia.
Jordan llega a la zona, situada detrás de las líneas enemigas, guiado por un viejo, Anselmo. Allí, se encuentra con que el jefe de la banda que debe ayudarle a volar el puente, Pablo, quien es un borracho acobardado.
Conoce a María, una muchacha joven de la que se enamora, y a Pilar, la mujer de Pablo. Pilar es ruda y fea, pero valiente y de una gran voluntad; tiene una gran lealtad a la República y ayuda a Jordan tanto en la misión del puente como en lo personal con María.
Durante los días precedentes al momento acordado del ataque, Jordan descubre el amor y la importancia de la vida; pero también entiende que seguramente morirá y no podrá ir a Madrid con María, como él querría.
Así, Por quién doblan las campanas, es una insinuación de la multiplicidad del ser que se hace desde el título del libro, si se quiere desde el mismo enunciado. El hombre forma parte de un ser colectivo constituido por todos los hombres.
 Inexorablemente cuando algo de la existencia desaparece es una parte que se desmorona del ser único que conforma la humanidad (la unión de todos los seres), que emana la existencia como una rúbrica social. (La sinopsis la tomé de la Wikipedia).
Lecciones para el presente
Hemingway creía que el verdadero significado de un texto escrito no debe ser evidente a partir del relato de superficie, más bien, la esencia de la narración tiene que residir por debajo de la superficie y traslucirse.
Por quién doblan las campanas es una novela de enorme actualidad. Sí usted la lee, conviene que preste especial atención al contexto. A la situación en  la que se encuentran los jefes políticos de la República y el gran distanciamiento de éstos con la gente común, con los que viven en carne propia la guerra.
Mientras que los primeros viven la “guerra intelectual”, la del escalamiento del poder; los de abajo, la gente de los pueblos, los bien intencionados, los que viven sus ideales o que al menos los intuyen, sufren la verdadera guerra, la de la sangre, la de la muerte.
En el bando republicano había de todo: el Frente Popular, la Izquierda y la Unión republicanas, los partidos Socialista, el Comunista y el Sindicalista, los Nacionalistas catalanes y vascos, y los sindicatos del Movimiento Obrero. Todos se disputaban el poder y la verdad y en gran medida por ello perdieron la guerra.
Se trata del eterno sino de las luchas revolucionarias que nos ha tocado vivir. La “Revolución pacífica” de la 4 T de AMLO no escapa a esta realidad política. Morena es un movimiento, y si se convierte en un verdadero partido tendremos el anuncio del fracaso de la 4 T.
¿Por qué? Porque sería un partido, si de masas, pero comandado por tribus, peor de lo que lo fue el PRD; a las que hay que añadir otras tribus, tan diversas y conflictivas como los son los evangelistas, priistas, falsos ecologistas, perredistas, petistas y demás. Tribus más interesadas en el poder y el dinero que en el verdadero cambio y el progreso.



  






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