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miércoles, 29 de enero de 2020


Alejandro Mario Fonseca
En la teoría ecológica moderna el término mitológico  Gaia fue rescatado en 1979 por James Lovelock para su hipótesis Gaia. Lo que propone es que los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico que da forma a la biosfera de la Tierra. La propia Tierra se considera un organismo con funciones auto regulatorias: está viva.
De origen Gaia es una deidad primordial y  en el antiguo panteón griego, se le  consideraba la Tierra Madre.  La referencia más antigua es el griego micénico ma-ka, escrito en alfabeto silábico lineal B.
Su equivalente en el panteón romano era Terra o Tellus Mater. Los romanos, a diferencia de los griegos, no distinguían sistemáticamente una Titánide (Tierra) de una diosa del grano, Ceres.
Interpretaciones del origen de Gaia
Según la Wikipedia algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, Marijas Gimbutas y Barbara Walker, afirman que Gea como la Madre Tierra es una evolución de la Gran Madre del pre indoeuropeo.
Una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico en Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas.
Esta teoría levanta controversia en la comunidad académica. La creencia en una Madre Tierra nutricia es a menudo una característica del moderno culto neopagano a la Diosa, que suele ser vinculado por los practicantes de esta religión con la teoría de la diosa neolítica.
La separación que Hesíodo hizo de Rea y Gea no fue seguida rigurosamente, ni siquiera por los propios mitógrafos griegos. Mitógrafos modernos como Károly Kerényi o Carl A. P. Ruck y Danny Staples, así como una generación anterior influenciada por La rama dorada de James Frazer, interpretan que las diosas Deméter la madre, Perséfone la hija y Hécate la vieja, como las entendían los griegos, eran tres aspectos de una Gran Diosa anterior, que podría ser identificada con Rea o con la propia Gea.
Estas diosas tripartitas son también una parte de la mitología celta y pueden proceder de los protoindoeuropeos. En Anatolia (la actual Turquía) Rea era conocida como Cibeles, una diosa derivada de la Kubaba mesopotámica, la Kebat hurrita o Kepa.
Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la Madre Montaña era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron (Πωτνια Θερων), la Señora de los Animales, o simplemente Potnia, la Señora, un apelativo que podría ser aplicado en textos griegos anteriores a Deméter, Artemisa o Atenea.
María Tonantzin Nuestra Madrecita
La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II milenio a. C., y la en ocasiones la violenta lucha por suplantar a Gea, imbuye a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica, donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus, Deméter, Artemisa, gemela de Apolo, y Atenea.
En Roma la diosa Frigia importada Cibeles fue venerada como Magn Mater, la Gran Madre, o como Mater Nostri, Nuestra Madre, e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos.
Su culto fue llevado a Roma tras un augurio de la Sibila de Cumas sobre que Aníbal el cartaginés no sería derrotado hasta que dicho culto llegase a Roma. Fue la divinidad favorita de los legionarios romanos y su culto se extendió desde los campamentos y colonias militares romanas.
En el México prehispánico Tonantzin (en náhuatl: nuestra madre veneradato, nuestro; nāntli, madre; tzīntli, diminutivo reverencial’) es el término con que se designaba a distintas deidades femeninas, principalmente Coatlicue, Cihuacóatl y Teteoinan (madre de los dioses).
Claramente el caso de Tonantzin repite el de otras mitologías, donde una divinidad recibe distintos nombres. Tonantzin se usaba de la misma manera en que Nuestra Señora se usa para la Virgen María en el catolicismo. María Tonantzin requiere un comentario más amplio.
Gaia Tonantzin, una deidad ecologista
En las religiones politeístas en particular, una divinidad puede tener distintos nombres, características y manifestaciones, como es el caso de la diosa hindú Durga, manifestación guerrera de Parvati. Otra posibilidad es la integración del culto a varios dioses en uno solo que adquiere las características y nombres de sus antecesores. Esto es posible en el caso de Tonantzin.
Los verdaderos ecologistas pensamos que Gaia no sólo es nuestra mejor maestra ya que nos enseña a vivir en comunidad y en armonía; sino que “ella” también es hembra, es mujer. Esto tiene importantes consecuencias para el feminismo, porque hay una tendencia a representar las características beneficiosas de la Tierra con la “personalidad femenina”.
La naturaleza y la mujer serían tiernas, nutricias, afectuosas, sensibles al lugar y esencialmente definidas por el alto ministerio de dar a luz la vida. Sin embargo, en la medida en que gran parte del impulso feminista ha estado encaminado a librar a la mujer de la conducta estereotipada y a los tipos de carácter resultantes, esta visión podría parecer retrograda.
Pero la crítica feminista podría ser todavía más a fondo. Ya que admitimos que la mujer realmente posee estas características, excluyendo otras. Porque la mujer queda relegada a una condición inferior, porque dichas características  se consideran cualidades subordinadas.
Pero es exactamente al revés: nuestro mundo está actualmente en crisis debido al predominio de valores “masculinos”: acumulación, explotación, consumismo, productividad, eficiencia; acompañados de machismo, abuso, corrupción, violencia, despilfarro, etcétera. En suma industrialismo y capitalismo salvaje.
Y es que es precisamente el ejemplo femenino de la Madre Tierra  el que tanto hombres como mujeres hemos de seguir si queremos salvar nuestro mundo. Los valores de nutrición, cooperación y participación que tradicionalmente se identifican más estrechamente con las mujeres que con los hombres han de convertirse en los principios subyacentes más profundos de nuestra sociedad.
Bibliografía: Dobson, Andrew; Pensamiento político verde (Una nueva ideología para el siglo XXI); Pidós; Barcelona; 2004.


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