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martes, 4 de febrero de 2020

Alejandro Mario Fonseca

En marzo del 2016, comenté la grata noticia de que Don Fernando del Paso, poco antes de su muerte (14/11/18) brilló en el mundo cultural, al recibir de los reyes de España el Premio Cervantes.
 Decía que el máximo galardón de la literatura escrita en lengua española para Fernando del Paso era inminente, y que ya se habían tardado; su obra lo ameritaba desde hacía ya largo rato.
Nacido en la Ciudad de México el 1 de abril de 1935 fue escritor, dibujante, pintor, diplomático y académico. En el mundo literario se le reconoce especialmente por tres novelas que se consideran como algunos de las mejores obras de la narrativa mexicana del siglo XX: José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987).
En 2015 le fue concedido el Premio Cervantes, mismo que recibió el 23 de abril del 2016 en la Universidad de Alcalá de Henares. Al recibir el premio Don Fernando aprovechó la oportunidad para denunciar lo que sucedía en nuestro país: “México cambia para empeorar” dijo.
Al recibir el premio dijo que nuestro país estaba asolado por extorsiones, secuestros, desapariciones, abusos de poder, corrupción e impunidad. También dijo que criticar a México en un país extranjero le daba vergüenza, pero que más vergüenza le daría no hacerlo: “…pues bien, me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el estado de México, de la bautizada como Ley Atenco”.

No uso drogas, la droga soy yo: Dalí
También dijo que se trataba de una ley opresora que habilitaba a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes tanto públicos como de las personas.
No sé si la Ley Atenco ya fue derogada o si sigue en el limbo (esa congeladora, estado o lugar temporal en que se encuentran las almas). Pero lo que sí sé es que es la antítesis de las políticas de la 4 T de AMLO y que bueno.
Me acordé del premio Cervantes porque apareció en  las redes de Internet un meme sobre Salvador Dalí en el que se aprecian varias de sus magníficas pinturas surrealistas y uno de sus desplantes más famosos: No uso drogas, yo soy la droga.
El meme también me hizo recordar uno de mis grandes tesoros, una edición de lujo de Don Quijote de la Mancha. Editado por Planeta, que cuenta con una introducción de Martín De Riquer y con ilustraciones de Salvador Dalí; Barcelona; 2004.
Según De Riquer se trata de una de las ediciones más conservadoras en la que se aceptan las lecturas originales de 1605 y 1615, que en la mayoría de  las ediciones aparecen enmendadas con desaciertos. Pero lo que a mí más me gusta son los dibujos y las acuarelas de Dalí.
Mucho se ha discutido y escrito sobre el egocentrismo de Dalí, ¿realmente estaba loco? ¿Era un simulador? ¿Qué era toda esa megalomanía y arrogancia, las excentricidades y extravagancias, por no hablar de las traiciones del divino Dalí?
Yo creo que simplemente era un fanfarrón muy inteligente y sabio, que sabía convertirse en el centro de atención de todos. Pero con relación a la obra de Cervantes, está claro que el pintor surrealista no dudó en colaborar y realzar el proyecto editorial de De Riker.

Para egos, el de Borges
Otro caso parecido al de Dalí, es el de Jorge Luis Borges. Como buen argentino también era pesadísimo, arrogante y demás. Se trata de un escritor que siempre me ha gustado. Sin duda porque sus obras, en especial sus cuentos, me  fascinan, no así sus versos.
 No fueron pocos los comentaristas que lo entrevistaron y que descubrieron un Borges racista, ignorante de lo que hablaba, y profundamente clasista. Muy cercano a lo que se podría esperar de un miembro del Ku Kux Klan como Donald Trump: Borges resultaría algo así como un porro ilustrado.
Pero lo que quiero destacar, es el gusto de Borges por Don Quijote de la Mancha. "… es la única novela que le gustaba a Borges. Como género prefería el cuento". Lo dice María Kodama, viuda del escritor: "No le gustaban las novelas", explica Kodama. "Decía que les faltaba tensión, que al contrario que en los cuentos, siempre terminaban apareciendo cosas de relleno, tazas, muebles, sombreros de señora".
 "Siempre pienso que una de las cosas felices que me han ocurrido en la vida es haber conocido a Don Quijote", reza, en efecto, la frase final de una conferencia en la que Borges afirma que el hidalgo manchego es uno de estos "personajes de ficción que cobran vida en una sola frase". (Cfr. La única novela que le gustaba a Borges; Javier Rodríguez; El País; 1/10/2011).
Pero dejemos en paz a los iluminados arrogantes Dalí y Borges y pasemos a la crítica política tomando como pretexto la apasionante y difícil novela (que muy bien puede ser una serie de cuentos o aventuras) y centrémonos en uno de sus capítulos: el XXVII de la Segunda Parte: La aventura del rebuzno.

No rebuznaron en balde el uno ni el otro alcalde
Léalo y compruebe que es sin duda una de las aventuras más jocosas y críticas del caballero andante, en la que Cervantes nos pinta un cuadro costumbrista del ambiente político en el orden municipal que se vivía en España a principios del siglo XVII.
Y sorpréndase querido lector, es asombroso el parecido que guarda con la situación que estamos viviendo en México en estos tiempos de la 4 T del Presidente Andrés Manuel López Obrador.
En definitiva, a la mayoría de nuestros alcaldes le está quedando grande la 4 T de AMLO; y también a no pocos gobernadores. Y es que los problemas de fondo los vivimos en carne propia en el orden municipal, donde todo sigue igual.
No es mi intención la de denostar constantemente a nuestras autoridades, sino la de sacudir un poco sus consciencias, para que se pongan las pilas y a la altura del gran proyecto transformador de nuestro Presidente AMLO.
La metáfora cervantina del burro se presta para este respetuoso sacudimiento: El burro es un mamífero équido doméstico más pequeño que el caballo, que por desgracia está en extinción; por ser muy resistente se le usa en especial para el trabajo duro del campo y para la carga.
Y sí, en el buen sentido nos urgen gobernadores y alcaldes trabajadores y resistentes, que salgan de su nicho de confort, como los burros; pero también con arrojo, determinación e imaginación, para que se engranen a la gran tarea de la revolución pacífica que tanto urge en nuestro país. ¿Usted qué opina?

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