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lunes, 24 de febrero de 2020


Alejandro Mario Fonseca
Me acuerdo muy bien, fue por allá a principios de los años setenta cuando me empecé a interesar por el psicoanálisis. Mi hermana Lucero estudiaba Psicología en la UNAM y le habían dejado un trabajo sobre el estrés.
Yo ya tenía experiencia en la lectura de libros técnicos en inglés, porque estaba terminando mis estudios de Ingeniería Química y la mayoría de los libros que utilizábamos no estaban traducidos al español; Lucero no, así que le ayudé en sus tareas.
Se trataba de un artículo en inglés de una revista especializada para psicólogos y el tema, como ya dije, era el concepto de estrés. Para mí fue una experiencia maravillosa, le entendí muy bien y desde entonces la psicología ha sido uno de mis hobbies (aficiones).
El estrés es tensión, es un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal; suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.
Se trata de una enfermedad típica de la modernidad, o más bien de la posmodernidad. En la década de 1930, Hans Selye –hijo del cirujano austriaco Hugo Selye– lo descubrió.
Lo que observó fue que todos los enfermos a quienes estudiaba, independientemente de la enfermedad que padecieran, presentaban síntomas comunes: fatiga, pérdida del apetito, baja de peso y astenia, entre otras posibles sintomatologías. Por ello, Selye llamó a este conjunto de síntomas el síndrome de estar enfermo.
Estrés: Un estudio sobre la ansiedad.
En 1950 Selye publicó la que sería su investigación más famosa: Estrés. Un estudio sobre la ansiedad. El término estrés proviene de la física y hace referencia a la presión que ejerce un cuerpo sobre otro (la fatiga de materiales), siendo aquel que más presión recibe el que puede destrozarse- y fue adoptado por la psicología, pasando a denominar el conjunto de síntomas psicofisiológicos antes mencionado, y que también se conocen como síndrome general de adaptación.
Los estudios de Selye con posterioridad llevaron a plantear que el estrés es la respuesta inespecífica a cualquier demanda a la que se sea sometido, es decir, por ejemplo, que el estrés también puede presentarse cuando se da un beso apasionado.
El efecto que tiene la respuesta estrés en el organismo es profundo: predominio del sistema nervioso simpático (vasoconstricción periférica, midriasis, taquicardia, taquipnea (respiración rápida), ralentización de la motilidad intestinal, pérdida de pigmentación en el cabello, etc.); liberación masiva en el torrente sanguíneo de glucocorticoides; aumento en sangre de la cantidad circulante de glucosa, factores de coagulación, aminoácidos libres y factores inmunitarios (la sangre se hace trombolítica con lo que aumentan los riesgos de accidente cerebro vascular).
El cuerpo desarrolla estos mecanismos para aumentar las probabilidades de supervivencia frente a una amenaza a corto plazo, pero no para ser mantenidos indefinidamente. A mediano y largo plazo, este estado de alerta sostenido desgasta las reservas del organismo. (Cfr. Wikipedia).
Mujeres: las más vulnerables

Lo curioso es que las estadísticas muestran una clara diferenciación de género en  la manifestación del estrés. Insisto se trata de trastornos que en la actualidad son, muy frecuentes e incapacitantes. Pero las mujeres en edad reproductiva son más vulnerables a desarrollar trastornos de ansiedad y depresión: aproximadamente entre 2 a 3 veces más que los hombres.
Ser hombre o mujer no sólo puede influir en la prevalencia de los trastornos mentales, sino también en la manifestación y expresión de los síntomas, la voluntad para solicitar asistencia médica o psicológica, el curso de la enfermedad, incluso en la respuesta al tratamiento.
Cada vez hay pruebas más sólidas de que existen diferencias entre ambos sexos respecto a la anatomía cerebral, la neuroquímica y los patrones de activación y respuesta a los estímulos ambientales; diferencias que pueden influir en la etiología y el curso de los trastornos psiquiátricos.
Sin embargo, poco se conoce sobre los factores de riesgo que inducen a las mujeres a desarrollar ciertas psicopatologías. La super especialización ha puesto el acento en las diferencias hormonales entre ambos sexos y en la predisposición genética.
Así que entre los factores poco estudiados estarían los psicosociales y socioculturales que incluyen diferencias en el tipo de afrontamiento de la persona, rol sexual, pobreza, nivel educativo, estado civil, nivel de ingresos, apoyo social, aislamiento social, adversidades durante la infancia, cambios sociales, normas culturales y vulnerabilidad a la exposición y reactividad ante acontecimientos vitales estresantes. (Cfr. CsCielo.com; M. Carmen Arenas; 24/11/2009).
La histeria femenina
El antecedente del estrés fue la histeria femenina a mediados del siglo XIX: el diagnóstico habitual de un amplio abanico de síntomas, que incluían desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, irritabilidad, fuertes dolores de cabeza, pérdida de apetito.​ Síntomas, todos ellos muy parecidos a los del estrés.
Las pacientes diagnosticadas con histeria femenina debían recibir un tratamiento conocido como «masaje pélvico», estimulación manual de los genitales de la mujer por el doctor hasta llegar al orgasmo que, en el contexto de la época, se denominaba «paroxismo histérico», al considerar el deseo sexual reprimido de las mujeres una enfermedad. Otra forma habitual de tratarla era el lavado vaginal.
A partir esta supuesta enfermedad, Sigmund Freud empezó a desarrollar su conjetura del inconsciente. Freud terminó por afirmar que lo que se conocía como histeria femenina era provocado por un hecho traumático que había sido reprimido en el inconsciente, pero seguía aflorando en forma de ataques que carecían de explicación. Fue el principio de lo que hoy conocemos como psicoanálisis.
Hoy en día sabemos que un orgasmo pleno y satisfactorio es la mejor cura para el estrés, o si usted prefiere el término obsoleto, para curar la histeria femenina. Como ya veremos, en el fondo de los problemas de estrés está la típica sociedad patriarcal industrialista que devino en el sometimiento de hombres y mujeres a las exigencias del capitalismo salvaje de nuestros días. (Continuará).
Mientras tanto, si a usted le interesa el tema, le recomiendo que vea la película británica Hysteria del 2011 dirigida por Tanya Wexler. Se encuentra gratis en Internet, en el sitio filmin.es

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