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martes, 5 de mayo de 2020


Alejandro Mario Fonseca
Tendría yo 22 o 23 años, cuando tuve la fortuna de conocer al caifán (según la RAE, el Diccionario de la lengua española: Sujeto preeminente en un barrio de ciudad) Oscar Chávez. Fue al llegar al Foro Isabelino, allá en Chapultepec, cuando éramos entusiastas aficionados del teatro experimental latinoamericano.
Bueno, fuimos un poco más que aficionados, éramos impulsivos y sin mayor consideración nos atrevimos a montar tres obritas de teatro que, entre otras actividades, nos permitieron vivir plenamente la rebelión juvenil de los años sesenta.
Pero esa es otra historia, hoy quiero recordar la grata fortuna de haber, conocido a Oscar Chávez. Sí bien me acuerdo, en ese tiempo él trabajaba para radio UNAM. Y si, fue una gran, gran fortuna, él estaba allí en la entrada, platicando con los actores de Rajatabla.
En un ambiente totalmente juvenil, encajamos muy bien y bromearon con nosotros, recuerdo que sobre todo las mujeres venezolanas eran muy bellas y amables. Oscar Chávez era un tipo muy serio, de pocas palabras pero con una enorme personalidad, un gran crisma.
Poco después lo volví a ver ya a la distancia en algunos eventos en la misma ciudad d México (especialmente en Tlatelolco) y aquí en Puebla, invitado por la Universidad Autónoma de Puebla.
A algunos amigos, que sabían de canto no les gustaba su voz, no era una voz educada, de conservatorio. Su voz era grave, pesada y reverberante (la reverberación es un fenómeno sonoro producido por la reflexión, que consiste en una ligera permanencia del sonido una vez que la fuente original ha dejado de emitirlo) que le salía natural y con mucho sentimiento, muy ad hoc (apropiada) para la música de protesta.
El cantante del sentimiento, de la protesta
Óscar Chávez Fernández, nació en la  Ciudad de México el 20 de marzo de 1935 y murió víctima del covid-29 hace unos días, el 30 de abril.  Después de varios intentos laborales estudió teatro y trabajó  en Radio UNAM.
Fue cantante, actor y compositor, y ha sido considerado uno de los máximos exponentes del canto nuevo en México. En julio de 2019 fue reconocido, por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, como Patrimonio Cultural Vivo de la Ciudad de México, en la Fiesta de Trova y Canción Urbana Cantares.
Dedicó su vida a componer, interpretar e investigar sobre diversos géneros de música popular mexicana y latinoamericana. Asumido políticamente como de izquierda. Todos lo conocimos por sus canciones de protesta, dirigidas principalmente contra el gobierno y la derecha.
También apoyó musicalmente el movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Se acompañaba habitualmente en sus presentaciones del Trío Los Morales.​
Curiosamente este hombre, de pocas palabras, empezó como artista de teatro y de cine. Lo recordamos como el principal protagonista de la película Los caifanes.
Los caifanes
Tras la repentina disolución de una fiesta de jóvenes de clase alta, dos novios, Jaime y Paloma (Enrique Álvarez Félix y Julissa), se separan del grupo y vagan por algunas calles de la Ciudad de México.
 La lluvia y la búsqueda de un lugar más propicio para la intimidad los hacen recurrir a un coche aparentemente abandonado. Tras un breve escarceo amoroso en el interior del auto, la pareja se da cuenta de que en realidad el automóvil es propiedad del capitán Gato y sus Caifanes.
El encuentro da inicio a una gira por la Ciudad de México, alentada por la fascinación que Paloma muestra por las costumbres, forma de hablar y maneras de la clase trabajadora y la amistad espontánea—pero siempre sospechosa—que los Caifanes saben brindar.
Durante el resto de la película se retrata la vida nocturna de la capital mexicana en aquellos tumultuosos y psicodélicos años sesenta. Mientras el grupo recorre cabarets, parques, funerarias, fondas y plazas públicas, se muestran personajes y algunos usos y costumbres de la época, alternados con una amplia gama de expresiones artísticas de aquel tiempo.
Una de las escenas más características de la película es cuando los caifanes asaltan la estatua de la Diana Cazadora, que entonces estaba en Paseo de la Reforma y en un acto de extrema ironía moral le colocan un brasier.
Sí usted quiere conocer cómo era la Ciudad de México antes de la hecatombe demográfica y ambiental, vea esta película, con toda seguridad le va a gustar.
La rebelión cultural juvenil

Desde el punto de vista cultural, los años de la presidencia represiva de Díaz Ordaz contaron con algunas oportunidades para la juventud. Los caifanes introdujo a cuatro desconocidos que serían célebres en el arte de nuestro país: el músico de trova, compositor y actor Óscar Chávez (el Estilos), los actores Sergio Jiménez (el capitán Gato), Eduardo López Rojas (el Mazacote) y Ernesto Gómez Cruz (el Azteca). (Cfr. Wikipedia).
Los concursos de cine experimental de 1965 y 1967, organizados por la sección de Técnicos y Manuales del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC), abrieron la puerta a jóvenes provenientes del teatro, la literatura y las artes plásticas interesados en expresarse a través de un medio que se había convertido en el favorito de las nuevas generaciones de artistas.
La creación de compañías productoras como Cinematográfica Marte y Cinematográfica Marco Polo también contribuyó a brindar oportunidades a nuevos directores, gracias al "truco" de hacerlos filmar cortometrajes con apoyo del STIC -el otro sindicato cinematográfico- para luego unirlos en un largometraje.
El siguiente comentario lo puede encontrar en la Wikipedia:
El argumento de Carlos Fuentes —titulado originalmente Fuera del mundo— es uno de los textos cinematográficos más bellos que se hayan escrito en México.
Con referencias directas a la literatura de Santa Teresa de Jesús, a Octavio Paz y a un sin fin de autores, en combinación con un verdadero mosaico de giros populares del lenguaje, la prosa de Fuentes se fusionó con las estupendas imágenes diseñadas por Ibáñez en una amalgama rica en texturas visuales y sonoras.
Finalmente le recomiendo que no sólo vea la película, también escuche sus canciones, la cuarentena invita a la nostalgia. Descanse en paz un buen hombre el caifán mayor Oscar Chávez.






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