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miércoles, 17 de junio de 2020

Don Quijote de la Mancha, la Iliada, Hamlet y La Divina Comedia son obras que dejaron una huella imborrable en los lectores a la lo largo de la historia.

1. Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes (1605 y 1615

Es tradición de las listas de libros en inglés ignorar la obra fundante de la literatura moderna en castellano. Y en las listas de libros en español, se acostumbra cuestionar la obra más conocida de Miguel de Cervantes Saavedra: ¿por qué no El coloquio de los perros, tanto más sofisticada en menos páginas? Acaso porque en Don Quijote de la Mancha es incesante el cruce entre lo real y lo ficticio, una semilla de la literatura en castellano que se escribiría en América: "Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos". O como escribió uno de sus escritores admiradores, Jorge Luis Borges: "El hidalgo fue un sueño de Cervantes / y don Quijote un sueño del hidalgo".

Miguel de Cervantes va más allá de la novela de caballerías al declarar a su libro "hijo del entendimiento"; y al escribirlo como tal permite que los lectores sean siempre nuevos a lo largo de los siglos, hasta hoy. "Hay diferentes opiniones", dijo Sancho en la segunda parte de la obra, sobre la primera: "Unos dicen: 'loco, pero gracioso'; otros, 'valiente, pero desgraciado'; otros, 'cortés, pero impertinente'". En su entrevista para The Paris Review, William Faulkner aseguró que leía el Quijote todos los años, como un creyente que regresa a la Biblia.

2. La Ilíada, Homero (siglo VIII aC)

En su Poética, Aristóteles señaló que una buena epopeya representa una acción única, no un conjunto de acontecimientos. Tal vez sea ese el acierto de La Ilíada: la obra atribuida al poeta griego Homero no cuenta la Guerra de Troya entera, sino su año décimo, el último; no se dispersa en los sentimientos de todos sus personajes sino que se concentra en las emociones del héroe, Aquiles. Las pérdidas de los griegos, los giros del destino, las intervenciones de los dioses y la caída de Troya se narran mediante los actos que generan la ira, el orgullo, el impulso de desagravio, el amor y la compasión de Aquiles.

Cuando Patroclo ultraja al "mejor de los aqueos", en el primero de los 24 cantos del poema, el héroe se retira disgustado; su amigo Patroclo muere en la batalla, a manos de Héctor, y basta ese dolor para que Aquiles regrese, olvidado de cualquier ofensa, con la obsesión de vengarlo. Entre los troyanos que mata da por fin con Héctor, y arrastra su cadáver con furia. Pero Príamo lo convence de restituir el cuerpo: nada le devolverá a Patroclo, y el duelo se siente igual en todas las almas.

La obra comienza, memorablemente: "Canta, oh, musa, la cólera del pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves". No extraña que haya llegado a Hollywood, y hasta sobrevivido honrosamente a una versión cinematográfica interpretada por Brad Pitt: Troya, de Wolfgang Petersen.

3. Hamlet, William Shakespeare (entre 1599 y 1602)

Una de las obras más citadas de la lengua inglesa –"Morir: dormir; dormir, tal vez soñar", por caso– es la tragedia del príncipe de Dinamarca que habita afligido el palacio donde su tío Claudio acaba de hacerse del trono y de la madre de Hamlet. A diferencia del modelo tradicional de acciones en escena, la pieza más extensa y más representada de William Shakespeare se centra en el carácter del personaje: un joven de comportamiento alocado, melancólico y con una filosofía escéptica, que ve al fantasma de su padre y accede a vengar su asesinato. Otra novedad que impuso Hamlet es la sucesión de monólogos, en lugar de actos, mediante los cuales el personaje principal comunica al público sus pensamientos y sus planes.

Sus temas son universales: el amor, la muerte, la traición, la revancha, la corrupción. La locura es otra cuestión de peso en la obra: Hamlet actúa de manera desquiciada, y también finge hacerlo. Es, también, una pieza que contiene otra pieza: para denunciar que Claudio mató a su padre y que su madre no cumplió con sus promesas matrimoniales, Hamlet orquesta una representación teatral en el palacio de Elsinore. Luego de eso las hostilidades entre el heredero y el usurpador crecen, y la lucha entre la voluntad de los hombres y la fuerza del destino cierra la historia.

4. La divina comedia, Dante Alighieri (entre 1304 y 1321)

"Por mí se va a la ciudad doliente. Por mí se va a las eternas penas. Por mí se va entre la gente perdida. La Justicia movió a mi autor supremo. Me hicieron el divino Poder, la suma Sabiduría y el Amor primero. Antes que yo no hubo cosa creada, sino lo eterno, y yo permaneceré eternamente. Dejad toda esperanza los que entráis".

Con esa frase que resuena a cualquiera que lea las noticias –Siria, Turquía, violencia armada, femicidios– entra el personaje de Dante al Infierno, la primera parte de su Commedia, como la llamó dado que tenía final feliz, con la guía de su poeta admirado, Virgilio, el autor de la Eneida. Es joven, se halla "en el medio del camino de la vida", rodeado por "una selva oscura", o las tentaciones. Desciende por el cono de los nueve círculos y ve –expresados con una simbología prodigiosa, de la astronomía a la filosofía, de las matemáticas a la religión– los distintos grados de castigo para los distintos pecados. Debe sortear sus propios problemas: un león que encarna la soberbia, por ejemplo.

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