El accidente ferroviario registrado el domingo 28 de diciembre en Oaxaca, donde un Tren Interoceánico se descarriló mientras transportaba a 241 pasajeros, ha generado nuevas interrogantes tras confirmarse que los vagones involucrados pertenecieron originalmente al tren turístico Puebla–Cholula, un proyecto que dejó de operar hace varios años.
De acuerdo con reportes oficiales, el siniestro dejó un saldo de 13 personas fallecidas y 98 lesionadas, lo que colocó bajo escrutinio las condiciones del material rodante utilizado en este servicio ferroviario regional.
Las unidades en cuestión fueron vendidas y trasladadas desde Puebla al puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, el 26 de agosto de 2024, durante la administración del entonces gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina, como parte del proceso de desincorporación del tren turístico Puebla–Cholula, que operó entre 2017 y años posteriores conectando la capital poblana con la zona arqueológica de Cholula.
De tren turístico a transporte regional
Los vagones reciclados pasaron a integrarse a la Línea Z del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, adaptándose para un servicio distinto al original. Sin embargo, su procedencia abrió cuestionamientos entre usuarios y especialistas respecto a su adecuación técnica para trayectos más largos y con mayor demanda, al tratarse de unidades diseñadas inicialmente para un esquema turístico urbano.
Los vagones del tren Puebla–Cholula cuentan con 2.55 metros de ancho y 38.18 metros de largo, con una capacidad original de 284 pasajeros, de los cuales 78 viajaban sentados. En su etapa turística, disponían de doble cabina de conducción, amplias ventanas panorámicas y un interior en tonos blanco y gris, con asientos tapizados en azul.
Para su operación en el Tren Interoceánico, las unidades fueron reconfiguradas en clase turista y ejecutiva. La clase turista incluye aire acondicionado, enchufes eléctricos, baño y espacio para equipaje, con filas de cuatro asientos. La clase ejecutiva cuenta con asientos individuales, mesas retráctiles y configuraciones de cuatro plazas. Con estas modificaciones, la capacidad total alcanza hasta 400 pasajeros.
Usuarios que conocieron el antiguo tren turístico Puebla–Cholula han señalado similitudes en la estructura y distribución interior, aunque ahora predominan los colores guinda y gris, característicos del proyecto interoceánico.
Investigación en curso
Tras el accidente, autoridades federales mantienen abiertas las investigaciones para determinar las causas del descarrilamiento, mientras el origen y las condiciones del material ferroviario utilizado forman parte del análisis técnico y de seguridad.
La transición de un servicio recreativo turístico a un sistema de transporte regional marca un cambio significativo en el uso de estas unidades, cuyo desempeño y adecuación ahora se encuentran bajo el escrutinio público tras una de las tragedias ferroviarias más graves del año.
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